Estos son los colores de la bandera aborigen, en Australia: amarillo, por el firmamento, por el cielo incandescente bajo el reflejo del disco solar. Negro, por el hombre, la especie humana y su relación (?) con la Tierra. Y rojo, por esa misma Tierra. ¿Rojo por Nadal? ¿Rojo para Nadal...?
Se ve imposible que los diseñadores de Nike no hayan reparado en la coincidencia con el credo naturalista de los aborígenes, el día que diseñaron el potente uniforme del número dos del mundo para el Australian Open. Ya se sabe que Federer va mayormente de oscuro: eso del hombre (o el género humano; ¿es Federer humano?)... y su relación con la Tierra: ¿es Federer terrenal?
Ardiente
Tantas preguntas juntas no tienen contestación simultánea. Sí sabemos que, cuando los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, Nike le diseñó a Cathy Freeman, la Reina Aborigen, zapatillas y equipamiento personalizados con los colores de los primeros nativos de Australia. Y ya se sabe el porvenir que tuvieron éstos en manos del hombre blanco.
Cecelia Barber, madre de Freeman
Nadie puede dudar de que lo que se hizo en este país con los aborígenes fue un genocidio
Lo decía incluso tras el oro de su hija, que corría con aquel tatuaje en el hombro: "Cos I?m Free", "Porque soy libre". En fin...
Y, bajo el rojo de la Tierra, rojo de Nadal y bajo el sol y el cielo incandescentes del Estado de Victoria, las esperanzas de Serra, francés de Burdeos, se derritieron en minutos. Si algo hizo bien Nadal, aparte de impresionar desde el minuto uno, fue restar en explosiones constantes que acongojaron a Serra. Éste empezó a pegar fuerte y a tirar puntos. En una hora habían terminado los dos primeros sets, y los aborígenes ya cantaban al crepúsculo rojo, rojo funeral de Serra.
Nadal se mide ahora con otro francés, Simon, al que ganó en 2006, en Marsella. Dice Rafa: "Ojalá siguiera siendo número dos los próximos 100 años". Se impone un pacto con la Reina Aborigen.>