El argentino accede a las semifinales del torneo de Miami y su rival será Murray, que ganó a Verdasco en dos sets.
Por si alguien le esperaba, Del Potro ya está aquí. El gigante argentino derribó por fin la puerta que se le resistía, una victoria con sabor ante Rafa Nadal, al que sólo se le tumba con exhibiciones como la mostrada en los cuartos de final de Cayo Vizcaíno (6-4, 3-6, 7-6). Con una derecha de cemento y un aplomo asombroso en un tie break donde a otros se les derrite el brazo. Con fortaleza mental para recuperarse de un 3-0 adverso en la última manga y de tres fracasos en tres pelotas de partido sólo minutos más tarde.
Sólo con semejante exhibición de este chico de Tandil (20 años, 198 centímetros de tenis) hincó la rodilla Nadal, irregular, agonístico, más impreciso que de costumbre, pero siempre digno en la resistencia, mirando desde la cima con el peso de la púrpura. Se marcha de Miami perdiendo puntos, porque en 2008 cayó en la final ante Nikolay Davydenko. Y con ciertas dudas tras su tercera derrota de la temporada, precisamente ante un rival que no había podido arrancarle ni una sola manga en los cuatro precedentes.
Pero es que Del Potro, tarde o temprano, tenía que hacer valer la autoridad de su juego. Hasta ahora no había ganado una manga a los tres primeros del circuito. Esta victoria le quitará ese peso de encima.
Sobre todo cuando vuelva a ver en vídeo el desenlace y esa bola que se paseó por la cinta para caer en su campo. Significaba el 3-2 para Nadal, un guiño de la fortuna que hubiera minado la moral de cualquiera. En ese momento, Del Potro tragó saliva, cargó el brazo y sumó sin pestañear los cinco puntos siguientes, que le abrían la confirmación de alternativa tras tres horas justas de pelea.
La victoria debe abrir nuevos horizontes al número siete del mundo, con cinco títulos en su palmarés, el último el pasado enero en Auckland, que pisa por primera vez las semifinales de un Masters Series, una ronda que todavía no ha alcanzado en ningún Grand Slam. De momento, como primera medida, el lunes escalará dos puestos en su ránking.
Y más que puede mejorar si es capaz de explotar el peso de su drive y la facilidad con el servicio. Esos dos factores, insertados con mucho más mérito en los momentos clave, le reportaron grandes alegrías ante Nadal. Tras un arranque plagado de dudas, el argentino tomó la iniciativa en el primer set con una ruptura en el séptimo juego. Dentro de la pista, poderoso, decidido, arrinconó poco a poco a Nadal, que se veía perdido con el 1-2 y break en la segunda manga.
Sin más soluciones que el pundonor, el mallorquín resucitó con esa facilidad que le hace único. Igualó el luminoso y dispuso de un 3-0 en el último parcial. Todo parecía en su mano, pero inesperadamente perdió el hilo. Salvó tres bolas de partido, pero no fue suficiente. Enfrente golpeaba Del Potro.