Rafa Nadal se clasificó para la final del torneo de tenis de Indian Wells tras vencer a Andy Roddick en dos sets, 6-4 y 7-6 (7-4). El tenista mallorquín se medirá este domingo a Andy Murray, que se deshizo en semis de Roger Federer.
Rafa Nadal volvió a demostrar el por qué es el número uno del mundo. Si en cuartos apalizó al argentino Del Potro, en semifinales dio buena cuenta del estadounidense Andy Roddick, el tenista que más victorias había logrado en el 2009 (23). Nadal se impuso por 6-4 y 7-6 (4) y hoy se enfrentará en la final al escocés Andy Murray, verdugo de Federer (ver recuadro). Nadal exhibió todos sus golpes para derrotar a Roddick. Le bastó una rotura en el séptimo juego del primer set para imponerse por 6-3. Mucho más igualado fue el segundo, en el que hubo diversos breaks hasta que Rafa lo ganó en el tie break. Ante Murray buscará su segundo título de este 2009 tras el Open de Australia.

Rafa Nadal, humilde y maduro en cotas extremas para un joven de 22 años, mantiene la prudencia: "Todo esto es momentáneo y va a pasar; si no lo supiera, en el futuro la castaña sería bastante grande", dijo a la conclusión de su enfrentamiento con Del Potro. Tras el partido, el manacorí decidió volver a la pista de entrenamiento para practicar el saque. "Quiere recuperar el "feeling"", comentó Benito Pérez, su jefe de prensa. Casi una hora más tarde, Nadal, campechano y dando buena cuenta de dos "cookies" de chocolate –"puede que al estómago no le siente bien, pero a la mente, sí"–, reflexionó sobre el momento de fama y renombre internacional que vive hoy día.
"Al fin y al cabo, la vida da bastantes vueltas; hoy puedo estar aquí como número uno y dentro de cinco o diez años, ser como cualquier otra persona. En el futuro espero ser eso, alguien normal y corriente", sostuvo el manacorí, cuya actitud al respecto le parece "lo normal".
"No creo que sea un tema de mantener los pies en el suelo", explicó. "El que no lo hace es el que comete el error; hay que estar preparado para asumir el éxito y también la bajada. Si uno se va muy para arriba, tiene que bajar mucho más después", argumentó con sencillez.
El mallorquín aseguró que no le dejan de preguntar por las "sensaciones" que pueda albergar llevar el título de número uno a la espalda, pero fue tajante al respecto: "Te prometo que ni me levanto ni me acuesto pensando que lo soy. Sólo pienso que tengo un partido y que tengo que jugar lo mejor posible; esas sensaciones de ser número uno o número dos, como lo he sido los últimos tres años... mi cambio es cero; no me voy a la cama más feliz ni con más seguridad de que voy a ganar al día siguiente, sino con los mismos objetivos y la misma ilusión", manifestó. Ese objetivo no es otro que seguir mejorando. Cada vez que salta a una pista, es su reto. "Si no fuera así, daría igual ser el número uno, el dos, el tres... porque iría a peor", aseguró. En cualquier caso, es consciente de que ser el actual número uno del mundo no le hace "ganar más partidos".