SEGUNDA RONDA " VENCIÓ A HEWITT 6-1 Y 6-2.
Es el mejor partido que he jugado aquí", decía, sudoroso, dos minutos después de abandonar la pista central. Rafa Nadal pasó por encima de un cansado Lleyton Hewitt (6-1, 6-2) en una hora y media escasa, ideal para un jugador que arrastra una temporada terrorífica en lo numérico. Sus duelos con el australiano en pista dura no deparaban ningún precedente favorable, así que el partido tenía su peligro.
Sin embargo, el segundo favorito quebró en el cuarto juego del primer parcial y ya no dejó a su rival hacer nada más hasta el 6-2 final. Ahí, recién iniciado el partido, ya se veía que Hewitt, con sus ancentrales problemas de espalda y un partido de dobles maratoniano el lunes, no porfiaba por ninguna pelota que fuese más allá de su alcance. Ni lo intentaba. Nadal, ya en una versión más parecida a la habitual, echó mano de su contundencia.
Volvió a romper el servicio de Hewitt en el inicio del segundo set, y entonces le sobrevino el único momento de debilidad. Perdió dos juegos seguidos, incluido el siguiente con su saque, y entonces en la pista se escuchó un grito; "¡Come on!". Hubo un tiempo en el que esas palabras sonaban a derrota en el tenis español, pero eso, hoy, también ha cambiado. Ni Hewitt es el de hace unos años ni Nadal se deja intimidar por un grito. Cinco juegos seguidos y a pensar en octavos de final, donde jugará contra el ruso Igor Andreev, verdugo del francés Michael Llodra. Además, en el último juego, con su saque, levantó un 0-40 y cerró, también con cinco puntos consecutivos, su segundo trámite en Pekín.