Sam Querrey llegó a Madrid para cubrir la baja de James Blake. Y, como se preveía, el californiano ofreció mayor resistencia que su fatigado compatriota neoyorquino. Apoyado en el recuerdo cercano del US Open, donde también fue capaz de arrebatar el primer set al número uno del mundo, planteó el partido igual que entonces, sobre pista dura, descaradamente al ataque, obteniendo el mayor rendimiento posible de un servicio que en Madrid, a más de 500 metros de altitud, sí aumenta sensiblemente su velocidad.

Algo sólo evidente en las dificultades encontradas por Nadal para restar durante los dos primeros parciales, porque el velocímetro instalado en Las Ventas no funcionó hasta el noveno juego del segundo parcial.
Para entonces, la rapidez de Querrey, su capacidad de desplazamiento en todas las direcciones o su fácil adaptación a la deslizante tierra batida -características todas estas impropias en un estadounidense de 1,98 m.-, habían reducido su efecto dañino sobre el juego de Nadal.
El balear, motivación renovada para la ocasión, sigue sin ofrecer la imponente imagen de destructor alcanzada durante la mitad del curso, entre Roland Garros y Wimbledon. La potencia de su brazo, la velocidad y el bote de su bola no castigan del mismo modo. Aun así, aguardó el instante propicio, las primeras dudas de su oponente, para lanzar su ataque, para recuperar el mando de un partido cuesta arriba tras el inicio amenazador de Querrey.

Muy cómodo con su servicio, el estadounidense que mejor resultado ha obtenido en 2008 sobre un pista de tierra batida (cuartos de final en el Masters Series de Montecarlo), convirtió el duelo en un intercambio de golpes, donde los suyos, más planos, más profundos, dominaban a un Nadal demasiado alejado de la línea de fondo, poco agresivo, incapaz de sumar un solo punto de break en todo el parcial.
Y las dudas aumentaron tras un error inesperado, una doble falta en el décimo punto del juego de desempate con el que sirvió en bandeja dos puntos de set a su rival. Querrey aprovechó el segundo, con su saque, para, de entrada, dar vida al apagado equipo de EEUU. En la grada, aquellos que menos siguen a Nadal aumentaron su incredulidad al ver a Querrey quebrar el saque del español nada más iniciarse la segunda manga. De nuevo metido en la pista, aprovechando las bolas cortas y a media altura de Nadal, Querrey ampliaba la distancia.
Esos mismos incrédulos comprobaron inmediatamente después la capacidad de reacción de Nadal pero también que Querrey, 20 años y número 39 del mundo, aún debe acostumbrarse a convivir con la presión y el vértigo en unas semifinales de Copa Davis -debutó en la competición frente a Nadal- ante el número uno del mundo. "El punto de inflexión en el partido se produjo cuando me devolvió el break" al comienzo del segundo parcial", reconoció después Querrey, circunstancia confirmada más tarde por Nadal.
"Cuando remontó volvió a meterse en el partido, y también lo hizo el público", añadio el derrotado. Y es que, un set en contra no basta para inquietar a Nadal. "Por eso gana tantos partidos", analizó Querrey. "Da igual si va perdiendo, es muy duro". El acierto del estadounidense con las líneas desapareció, dilapidó su ventaja y en el instante decisivo del set, con Nadal restando para el parcial (5-4), encadenó otros seis errores por un solo servicio ganador.
Cumplido el objetivo de recobrar el equilibrio en el marcador, el campeón de Roland Garros y Wimbledon regresó a resolver el encuentro. Casi siempre en nivel ascendente, sobre todo en tierra batida, la bola del español comenzó a pesar demasiado para el espigado jugador de San Francisco, al límite de su condición física cuando Nadal no hacía sino terminar de despertarse, de afinar su máquina desgastada pero superior, en cualquier caso, a la de sus rivales. "El bote de su bola no me hace tanto daño porque a mí me gusta golpear a la altura del hombre", señaló Querrey. "Pero aun así, sus golpes siguen siendo muy heavys".
El mallorquín acleró el paso, logró sacar del centro de la pista a su rival hasta aprovechar una doble falta y una derecha larga para rematar un nuevo break con su revés cruzado. La respuesta agresiva de Querrey le concedió un punto para recuperar la ruptura. Demasiado tarde. Nadal ya no tenía freno (4-1). Otra doble falta y un revés a la red en el noveno juego del cuarto set ayudaron a Nadal a completar el trabajo. Fue la muestra de que Querrey en nada se asemejaba ya al jugador del incio.