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Publicado el miércoles, 31 de agosto de 2011 en El Jugador - 8731 visitas

A pesar de ganar entres mangas, el balear sufrió y no dejó buenas sensaciones

Rafa Nadal debutó en el US Open 2011 con una sufrida y trabajada victoria en tres mangas sobre Andrey Golubev. El balear, vigente defensor del título, tendrá que carburar su maquinaria para solventar el próximo escollo que les viene en las pistas de Flushing Meadows: Nicolas Mahut.

Rafa Nadal, debuta en el US Open 2011 con una victoria sufrida y trabajada al máximo La última vez que Rafa Nadal pisó el cemento del estadio Arthur Ashe fue para saborear las mieles de la victoria. Hace un año ahora de su victoria en la final del US Open ante Novak Djokovic, un triunfo que acabaría cerrando el círculo de Grand Slam conquistados para el balear. Una temporada después parece que el escenario ha cambiado. Al menos su decorado. El campeón llega con dudas físicas y anímicas a Nueva York, pero también con ganas de reivindicarse. De momento superó el siempre difícil escollo de su debut al derrotar al kazajo Andrey Golubev por un marcador global de 6-3, 7-6(1) y 7-5 tras dos horas y cuarenta y nueve minutos de juego.

Nadal saltó al tapete azul de la Pista Central con gesto serio y concentrado, luciendo nueva vestimenta de Nike (elástica blanca con detalles amarillos y pantalón negro) y dispuesto a poner en práctica las mejoras que, teóricamente, ha ensayado estos días en la ciudad de los rascacielos tras no firmar en la mini-gira americana previa los resultados previstos. Pronto se advirtieron mejorías en el servicio, consiguiendo encadenar `aces´ y servicios que alcanzaron los 214 km/h. A pesar de ello se vio sorprendido por un Golubev agresivo y atrevido, que con sus sartenazos desde el fondo de pista y sus subidas a la red, metieron en la cabeza de Rafa las dudas que provocaron que cediera su saque en el quinto juego. Nadal no tardó en reaccionar. Dio un paso al frente y comenzó el recital. Ayudó la intermitencia de su rival y la ejecución de puntos imposibles marca de la casa, situación que desembocó en la rúbrica de la primera manga tras la conquista de cuatro juegos de manera consecutiva.

Más rupturas en contra que en toda la edición pasada Golubev volvió a hincar el diente en el comienzo del segundo acto, firmando una nueva ruptura con una preci(o)sa volea en la red. En apenas 50 minutos de juego, Rafa había cedido los mismos breaks que en todo el torneo el año pasado. Y sumaría uno más tras ceder su saque en blanco y con una doble falta. El kazajo parecía dominar la situación, pero demostró que el partido le venía grande. Con 5-3 y servicio gozó de cinco `set points´ (40-0 incluido) y dos más al resto en el juego siguiente, todos ellos con el mismo resultado: agua. Después se envenenó él sólo, discutiendo en italiano con el juez de silla (Carlos Ramos) un inexistente doble bote ante una dejada suya. Nadal firmó el break y sacó para ganar, pero el tenis hizo justicia y llevó el set al tie-break. Allí fue Rafa donde tiró de experiencia, marcó los pasos a seguir y creó acertadamente una trampa para abrochar la segunda manga.

El pupilo de Massimo Puci no se vino abajo y siguió marcando el ritmo a base de golpes ganadores. En nada se pareció a ese jugador que apenas ha ganado seis partidos en la temporada (de 30), donde firmó una racha de 17 derrotas seguidas. Si a eso le sumamos que supo cuándo y dónde atacar a un Nadal descafeinado, es normal advertir que al menos pudiera haberle hecho un set al español. Y escribo en subjuntivo porque a pesar de tener un 5-2 a favor (dos breaks incluidos), el kazajo volvió a tropezar con la misma piedra. Envenenado con su propia medicina, atragantado con tanto golpe plano, mareado de la noria en la que se había convertido el partido, Golubev vio cómo Rafa, el mismo que parecía `muerto´, resurgía cual Ave Fénix para poner la puntilla al partido por la vía rápida y con un `passing´ marca de la casa.

Rafa sabe que no podrá sumar punto alguno en esta cita (defiende 2.000), pero conquistar de nuevo el US Open sería una actuación sobresaliente. Aún quedan seis rivales que batir para conseguir tal empresa. El primero de ellos será el francés Nicolás Mahut, experto en `maratones´, que se impuso al colombiano Robert Farah por un tanteo de 3-6, 6-7(4), 6-2, 6-4 y 6-0 tras tres horas en un encuentro disputado en la Pista 6. Curiosamente, el Angers es uno de los pocos jugadores del circuito que tiene un `head-to-head´ favorable ante el balear (0-1), siendo los cuartos de final de Queen´s 2007 el único precedente entre ambos (7-5, 7-6 para el galo).


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Publicado el lunes, 06 de junio de 2011 en El Jugador - 15184 visitas

Rafael Nadal logró su sexto Roland Garros después de doblegar en la final a Roger Federer. Una victoria que permite al balear igualar el récord de Björn Borg en París, así como retener el reinado del circuito ATP. El `rey de la tierra batida´ acumula diez Grand Slam y 46 títulos en un palmarés exquisito.

Rafael Nadal logró su sexto Roland Garros después de doblegar en la final a Roger Federer. Una victoria que permite al balear igualar el récord de Björn Borg en París, así como retener el reinado del circuito ATP. El `rey de la tierra batida´ acumula diez Grand Slam y 46 títulos en un palmarés exquisito.

Rafael Nadal, El Iron-man de la tierra batida, ya iguala el récord de Björn Borg Dicen que de pequeño soñaba con ganar Roland Garros algún día... y a sus 24 años y dos días en su carné de identidad, acaba de conseguir su sexta Copa de los Mosqueteros. Hace justamente seis años, tal día como hoy, Rafa Nadal conquistaba su primer Roland Garros, con sólo 19 años, al doblegar en al final al argentino Mariano Puerta. Sólo seis años después el balear ha repetido hito sobre la arcilla parisina al doblegar en la final a Roger Federer por un marcador global de 7-5, 7-6(3), 5-7 y 6-1 tras tres horas y cuarenta minutos en un choque disputado en una Philippe Chatrier que acabó rendida al poderío del español. La victoria del balear, registros y marcas históricas aparte, tiene el premio adicional de conservar al menos una semana más el reinado de la ATP, alcanzando así las 100 semanas al frente de la clasificación mundial.

El partido comenzó con un Federer rompiendo todos los pronósticos, exhibiendo un gran servicio, una derecha contundente y una agresividad más propia de otras superficies. El tímido saque de Nadal, que parecía una sombra de sí mismo, ayudó a que el suizo tomara ventaja en el marcador. Tanto, que llegó a tener bola de set (2-5 al resto). Ahí llegó la reacción del balear, que una vez más leyó a la perfección el partido y puso el `Plan B´ en acción. Comenzó por servir más profundo, a buscar con insistencia el revés en altura de su rival y a sacar a relucir un drive con el que firmó `passings´ marca de la casa para abrochar el primer set.

Partida de ajedrez El choque dejó de jugarse en tierra para pasar a jugarse en la cabeza de Federer, que se fue del partido por momentos y comenzó el segundo acto cediendo su saque, aumentanando a siete juegos los conseguidos por Nadal de forma consecutiva. El suizo acumuló errores no forzados -sobre todo con el mencionado revés- a medida que Rafa maquillaba sus números al servicio, sacando más potente y variado. Tuvo el balear opciones de poner tierra de por medio, pero perdonó a un `Expreso suizo´ que poco a poco volvió a carburar. Consiguió igualar la contienda (4-4) para alegría de un público entregado al helvético, jaleado a ritmo de `Roger, Roger´. El suizo logró igualar la contienda e incluso levantó dos bolas de set adversas después de un parón de diez minutos por culpa de la tan mencionada y debatida lluvia, que quiso tener su dosis de protagonismo en la gran final. El set tuvo que decidirse finalmente en el tie-break, donde las defensas de Rafa fueron mejores que los ataques del suizo, tomando como resultado la conquista del segundo set.

En los 24 duelos previos entre ambos maestros de la raqueta, Federer sólo había levantado dos sets en contra. Fue en la final de Miami de 2005, mucho ha llovido desde entonces. A pesar de ello, entrerrar al suizo es pecado y a nadie le sorprendió que el de Basilea luchara por seguir `enchufado´ al partido. Lo hizo con un excepcional servicio, siendo más agresivo que en compases anteriores y haciéndose dueño y señor de las tan debatidas pelotas Babolat. El pupilo de Paul Annacone contestó con un contrabreak en blanco la ruptura de Rafa en el séptimo juego que parecía ser la puntilla al partido y sumó una nueva ruptura para hacerse con el set y dilatar el duelo.

Saltaron las alarmas en el box de Nadal cuando vieron que el cuarto set comenzaba con un 0-40 en contra. El balear reaccionó entonces, salvó los muebles recurriendo a su servicio y a una derecha que le dio mucha vida cuando se atrevió a tomar la iniciativa en los intercambios. Así firmó su mejor nivel: confianza, voleas, derechas y reveses que acababan donde apuntaba su mirilla. Incluso el sol salió en los últimos minutos para alumbrar el triunfo de un Nadal, que recibió de la mano de Jim Courier una nueva Copa de los Mosqueteros. Con esta victoria, Nadal iguala los seis Roland Garros que consiguiera el sueco Björn Borg entre 1974 y 1981. Se trata además su décimo Grand Slam, siendo el segundo tenista más joven de la historia en alcanzar esta cifra de `majors´. Aunque su humildad no lo permita decirlo, Rafa ya es uno de los mejores tenistas de la historia...


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Publicado el sábado, 01 de mayo de 2010 en El Jugador - 24070 visitas

El español sufrió más de lo esperado para doblegar al verdugo de Federer · El letón consiguió más de 50 puntos ganadores frente a los diecisiete de Nadal y con una efectividad del primer saque superior al 80 por ciento

En el día del trabajor, Rafa Nadal tuvo que trabajar más de lo esperado para sellar su pase a la final del Masters 1.000 de Roma ante Ernests Gulbis, al que acabó imponiéndose por 6-4, 3-6 y 6-4 en un partido maratoniano de casi tres horas. Con esta victoria, un año más habrá campeón español en la capital italiana, ya que el manacorí se medirá en la final a Ferrer, que en la otra semifinal había ganado a Verdasco.

En el día del trabajor, Rafa Nadal sella su pase a la final del Masters 1.000 de Roma Nadal comenzó el partido demostrando por qué es el rey de la tierra batida. En el primer juego ya rompió el servicio de Gulbis y pronto se colocó con un 1-3 a su favor. Parecía que el primer set iba a ser coser y cantar para el español. De hecho, Rafa estuvo a punto de ampliar su ventaja en un interminable quinto juego pero desaprovechó las dos ocasiones de las que dispuso para volver a romper el servicio del letón. No estaba jugando a su nivel de siempre pero aún así, mientras él ganaba con facilidad su saque, a su rival le costaba un mundo mantener su servicio.

Algo que no pareció pasar factura psicológica al letón, que siguió oponiendo más resistencia de la esperada e hizo sudar la gota gorda a Rafa para adjudicarse el primer set. No hay que olvidar que Gulbis había llegado aquí tras dejar en el camino a Federer. Con un 4-5 a favor del español y sirviendo, el jugador de Riga tuvo dos oportunidades para romperle el servicio, pero el de Manacor no sólo salvó las dos bolas de rotura sino que en la primera que tuvo para llevarse el set lo dejó sentenciado.

La mejor versión de Gulbis

Si ya había dado guerra en la primera manga, en la segunda Gulbis se mostró intratable. Con un saque letal (consiguió más de 50 puntos ganadores) y manteniéndose firme desde el fondo de la pista hizo mucho daño al español y supo sacar partido del bajón de un Nadal desconocido, que falló lo que nunca y a cuyo juego le faltaba continuidad. Su consistencia del primer set se iba deshaciendo como un azucarillo.

El letón le rompió el servicio en el segundo juego y aumentó su ventaja hasta colocarse con un 3-0 a su favor que lastraría el de Manacor el resto del set, aunque todo pudo haber cambiado cuando con un 3-1 en contra, Rafa tuvo una bola de break que no aprovechó. Estaba claro que esta tarde tocaba sufrir sobre la arcilla. Al final, Gulbis se llevó el segundo con autoriadad (6-3).

Un tercer set muy igualado

La tercera manga empezó como había acabado la segunda, con un Gulbis lanzado que en el primer juego pudo incluso romper el servicio de Nadal. La guerra estaba abierta y ninguno de los dos jugadores estaba dispuestos a ceder su saque, de ahí que la igualdad fuese la nota predominante.

Aunque Nadal no era el de siempre, empezó a dar síntomas de cierta mejoría mientras Gulbis trataba de desquiaciar a su rival con sus potentes saques y sus continuas dejadas.

El español contó con hasta cuatro oportunidades para romper el servicio al letón y colocarse con un 2-4 a su favor, pero el letón, que firmó uno de los mejores partidos de su vida, se recompuso gracias a sus excelentes saques y empató el tercer set (3-3).

Primera final española en la ciudad eterna

De nuevo Rafa dispuso de otra bola de break (3-4). Sin embargo no fue hasta el décimo juego cuando sacó su garra, recuperó al agresividad que caracteriza su juego y se colocó con tres bolas de partido. No hicieron falta, la primera fue suficiente para plantarse este domingo en la final de Roma.

Desde 1930, año en el que nació el campeonato italiano, nunca había albergado una final netamente española. Si Nadal se impone a Ferrer sumará su quinto título en la ciudad eterna


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Publicado el viernes, 19 de septiembre de 2008 en El Jugador - 107479 visitas

Sam Querrey llegó a Madrid para cubrir la baja de James Blake. Y, como se preveía, el californiano ofreció mayor resistencia que su fatigado compatriota neoyorquino. Apoyado en el recuerdo cercano del US Open, donde también fue capaz de arrebatar el primer set al número uno del mundo, planteó el partido igual que entonces, sobre pista dura, descaradamente al ataque, obteniendo el mayor rendimiento posible de un servicio que en Madrid, a más de 500 metros de altitud, sí aumenta sensiblemente su velocidad.

Rafael Nadal celebra la victoria Algo sólo evidente en las dificultades encontradas por Nadal para restar durante los dos primeros parciales, porque el velocímetro instalado en Las Ventas no funcionó hasta el noveno juego del segundo parcial.

Para entonces, la rapidez de Querrey, su capacidad de desplazamiento en todas las direcciones o su fácil adaptación a la deslizante tierra batida -características todas estas impropias en un estadounidense de 1,98 m.-, habían reducido su efecto dañino sobre el juego de Nadal.

El balear, motivación renovada para la ocasión, sigue sin ofrecer la imponente imagen de destructor alcanzada durante la mitad del curso, entre Roland Garros y Wimbledon. La potencia de su brazo, la velocidad y el bote de su bola no castigan del mismo modo. Aun así, aguardó el instante propicio, las primeras dudas de su oponente, para lanzar su ataque, para recuperar el mando de un partido cuesta arriba tras el inicio amenazador de Querrey.

Rafa Nadal tras ganar el partido Muy cómodo con su servicio, el estadounidense que mejor resultado ha obtenido en 2008 sobre un pista de tierra batida (cuartos de final en el Masters Series de Montecarlo), convirtió el duelo en un intercambio de golpes, donde los suyos, más planos, más profundos, dominaban a un Nadal demasiado alejado de la línea de fondo, poco agresivo, incapaz de sumar un solo punto de break en todo el parcial.

Y las dudas aumentaron tras un error inesperado, una doble falta en el décimo punto del juego de desempate con el que sirvió en bandeja dos puntos de set a su rival. Querrey aprovechó el segundo, con su saque, para, de entrada, dar vida al apagado equipo de EEUU. En la grada, aquellos que menos siguen a Nadal aumentaron su incredulidad al ver a Querrey quebrar el saque del español nada más iniciarse la segunda manga. De nuevo metido en la pista, aprovechando las bolas cortas y a media altura de Nadal, Querrey ampliaba la distancia.

Esos mismos incrédulos comprobaron inmediatamente después la capacidad de reacción de Nadal pero también que Querrey, 20 años y número 39 del mundo, aún debe acostumbrarse a convivir con la presión y el vértigo en unas semifinales de Copa Davis -debutó en la competición frente a Nadal- ante el número uno del mundo. "El punto de inflexión en el partido se produjo cuando me devolvió el break" al comienzo del segundo parcial", reconoció después Querrey, circunstancia confirmada más tarde por Nadal.

"Cuando remontó volvió a meterse en el partido, y también lo hizo el público", añadio el derrotado. Y es que, un set en contra no basta para inquietar a Nadal. "Por eso gana tantos partidos", analizó Querrey. "Da igual si va perdiendo, es muy duro". El acierto del estadounidense con las líneas desapareció, dilapidó su ventaja y en el instante decisivo del set, con Nadal restando para el parcial (5-4), encadenó otros seis errores por un solo servicio ganador.

Cumplido el objetivo de recobrar el equilibrio en el marcador, el campeón de Roland Garros y Wimbledon regresó a resolver el encuentro. Casi siempre en nivel ascendente, sobre todo en tierra batida, la bola del español comenzó a pesar demasiado para el espigado jugador de San Francisco, al límite de su condición física cuando Nadal no hacía sino terminar de despertarse, de afinar su máquina desgastada pero superior, en cualquier caso, a la de sus rivales. "El bote de su bola no me hace tanto daño porque a mí me gusta golpear a la altura del hombre", señaló Querrey. "Pero aun así, sus golpes siguen siendo muy heavys".

El mallorquín acleró el paso, logró sacar del centro de la pista a su rival hasta aprovechar una doble falta y una derecha larga para rematar un nuevo break con su revés cruzado. La respuesta agresiva de Querrey le concedió un punto para recuperar la ruptura. Demasiado tarde. Nadal ya no tenía freno (4-1). Otra doble falta y un revés a la red en el noveno juego del cuarto set ayudaron a Nadal a completar el trabajo. Fue la muestra de que Querrey en nada se asemejaba ya al jugador del incio.


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Publicado el martes, 03 de junio de 2008 en El Jugador - 177584 visitas

El mallorquín celebra su 22º cumpleaños con un triunfo sin paliativos (6-1, 6-1 y 6-1). Sólo Bjorn había encajado menos juegos en París en los primeros cinco partidos

"Luchas 11 días para meterte en cuartos de final, llega Rafa y te tira bolas que botan seis metros". Este es el diagnóstico de Nicolás Almagro, última víctima del rey de la arcilla, en menos de dos horas. Rafa Nadal jugará el penúltimo partido de Roland Garros tras otra exhibición (6-1, 6-1 y 6-1) y ya espera a Novak Djokovic, que ha cedido casi el doble de juegos en los cinco duelos previos.

Igual que ante Fernando Verdasco o Jarkko Nieminen, el triple campeón en París, donde ya suma 26 triunfos consecutivos, apenas debió recurrir a lo mejor de su repertorio para obtener una sencilla victoria. Almagro, que jugaba por primer vez los cuartos de final de un grande, nunca tuvo opción.
Rafael Nadal saluda y consuela a Almagro tras el último punto
"Pasó por la pista central un jugador llamado Nadal muy superior a mí. No me esperaba este resultado", admitió impotente el murciano, de 22 años, amigo de Rafa, a quien pronostica que "podrá defender aquí su título cuántas veces quiera".

Todo parece en esa dirección, porque el número dos del mundo arrastra un mínimo desgaste en las batallas previas, sobre todo en comparación con sus dos principales amenazas. En su trayectoria inmaculada apenas ha cedido 25 juegos y ningún set. Por su parte, Roger Federer entregó 46 juegos y una manga ante Montañés y Novak Djokovic 59 juegos y un parcial ante Gremelmayr en primera ronda.

Otro récord arrebatado a Borg
Las diminutas concesiones de Nadal suponen además un récord en Roland Garros, otro más en la leyenda del manacorense. Hasta ahora, en los cinco primeros partidos, sólo Bjorn Borg había encajado menos juegos (26 en 1978 y 1981). Ese registro, con su justa importancia, pertenece ahora a Nadal.

Ante Almagro sólo se vio exigido en la segunda manga, donde superó cinco pelotas de ruptura. El murciano, quizá por el peso de la pista central, nunca encontró la frescura de su tenis, sólo sumó tres saques directos (acumulaba 20 de media hasta ahora) y promedió un pésimo 37% de primeros servicios.

El siguiente paso se supone más que complicado para el tricampeón. Espera Novak Djokovic, aspirante al segundo puesto de la ATP y verdugo del letón Ernests Gulbis (7-5, 7-6 y 7-5), una de las sensaciones del torneo. No fue una tarde fácil para Nole, sin excesiva continuidad en su tenis.

Era un duelo entre dos viejos amigos, que recordaban sus tiempos en la escuela Niki Pilic de Múnich, cuando ambos soñaban con jugar un partido como este. Al letón, de 19 años, le pesó la inexperiencia en este tipo de compromisos. Su paso por París le proyectará en el ránking, pero todavía necesita algo más para tumbar al serbio.


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